Vietnam: campos de arroz, sillitas de plástico y motocicletas (II)

La noche no ha estado del todo mal en Bodega Hostel, es cierto que una de nuestras ventanas daba al lugar donde se encontraba la lavadora que incansablemente trabaja todas las noches para tener la ropa límpia para los huéspedes, entre otros, al día siguiente. Pero salvado ese trance el hecho de estar en una habitación interior nos ha ahorrado despertar a las 6.00 am con el ruido de las miles y millones de motos que pueden transitar por una calle de Hanoi un día cualquiera.
A las 8 nos recoge un microbús en el que empezamos a conocer a otra gente que, como nosotras, va en camino a la Pagoda del Perfume que se encuentra a unos 50 km. desde Hanoi.
Mientras tanto nos vamos conociendo aquellos que no sufrimos ningún mareo, ni los estragos de un cambio de dieta. Un guía de Ho Chi Minh City que en su día libre ha decidido hacer una pequeña excursión, una chica Tailandesa que vive en Noruega pero está viajando por Asia, dos hermanas españolas que van a pasar unos días en el norte de este país…
Y por fin llegamos al punto de partida de nuestra excursión.

El embarcadero donde iremos cogiendo barcas para dar nuestro primer paseo entre montañas de piedra, paisaje kárstico, vietnamitas que están pescando ante los ojos de turistas que los miramos como si fueran algo extraterrestre, y ¡flores de loto!, sí, eso tan exótico que solo nos imaginamos con un buda encima, esa planta que alguien en oriente debió inventarse pero que seguro que no existe.

Después de unos 40 minutos en barca llegamos a otro lugar donde empezará nuestra peregrinación hasta la cima de la montaña donde está la pagoda, una cueva de dimensiones considerables, sumergida en un abismo donde bajaremos por unas interminables escaleras.
Para ascender también podemos coger, aparentemente, un telesférico pero decidimos hacer nuestro camino a pié. A decir verdad no me fío mucho de los telesféricos vietnamitas.

El camino no merece mucho la pena en esta época pues se trata de un sendero de piedra y escaleras bordeadas de lo que queda de los puestos de souvenirs que abren durante la época fuerte de visita vietnamita.

La pagoda es un lugar muy popular entre los lugareños y se convierte en el Rocío de Vietnam durante algunos meses.

Este hecho hace el camino más aburrido pero a la vez más tranquilo.
En la ruta empezamos a ver plantas increíbles, y algún pequeño templito que nos anuncia que estamos cada vez más cerca.

Por fin llegamos, cansadas pero satisfechas de haberlo hecho. Porque de todos es sabido, que quien no sube andando a la Pagoda del Perfume, es que nunca ha estado allí y seguro que tampoco obtiene el perdón y la misericordia de Buda.

La bajada la hacemos acompañadas y abajo nos espera otro templo casi más bonito que la pagoda.

Un paseito más en barca y volvemos a Hanoi después de todo el día de movimiento.
Decidimos, antes de coger el tren al norte, darnos un homenaje en un “spa”?? vietnamita, donde me ahorraré los detalles pero lo pasamos muy bien, nosotras y nuestras masajistas entre baños en barrilitos de madera y masajes matadores. El lugar, el Long Bien Hotel II, lugar que por momentos me recuerda esa dualidad entre el masaje y el final feliz de algunos negocios en el sudeste asiático, al que igualmente tengo un poco de confianza al ver a otras chicas, clientas, allí en el vestuario.
Para cenar hacemos caso de una recomendación y vamos a Quan An Ngon. Comida callejera pero en restaurante, es nuestro segundo día y tenemos que tomarnos con calma las aventuras gastronómicas. De todos modos vamos a disfrutar de una de las mejores comidas de todo el viaje, que no es poco.

Y aquí viene el fin de fiesta, nuestra primera torta con la realidad vietnamita. Llegamos con el tiempo un poco justo a la estación de tren y empezamos a preguntar a todo el mundo dónde está nuestro tren. Después de indicarnos uno que, casualmente no va a Lao Cai, sino a Ho Chi Minh City!!!! unos 1.000 km. en sentido contrario, y pararnos a tiempo antes de “liarla muy parda”; nos informan de que nuestro tren ha salido ya y que no pueden hacer nada por nosotras.
Yo me niego a pensar que eso es así y decido empezar a hinchar mi vena para que me den una solución. Mmmm. respuesta incorrecta, discusiones, llamadas a los encargados, allí vino hasta el alcalde y hasta el matón de la estación pero no hay nada que hacer. Nos salimos con el rabo entre las piernas y a paso ligero para coger un taxi que nos lleve de nuevo a algún sitio donde poder dormir mientras pensamos como reorganizamos nuestro “viaje no organizado”.
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