Montréal en tres días

Montréal, tierra de los Iroquois, francesa, británica, y hoy día un crisol de culturas. Multiétnica y joven. Una ciudad con mucho carácter para explorar en profundidad, a ser posible con la ayuda de un amigo como Mathieu que me ayudó a descubrir lugares tan interesantes como los que os enseño aquí.
Llegar a Montréal desde Nueva York es relativamente barato, unos 200 dólares en avión y menos de dos horas o 121 dólares en Grey Hound y unas 8 horas, la línea de autobuses americana. Como la pela es la pela decidí vivir la experiencia Grey Hound. Todo hubiera sido perfecto si no se hubieran roto los frenos del autobús a la ida, pero supongo que todo forma parte de la experiencia.
Allí me estaban esperando mis guías particulares Mathieu y Pierre, para darme una vuelta por la ciudad. Primera parada, el Jardían Botánico con una impresionante exposición de mariposas en libertad. ¡Mariposas volad libres!




Había que rellenar el depósito de gasolina y fuimos a comer comida popular de Montréal: Poutine y Pate Chinois.

Después de comer fuimos a hacer la compra a un mercado local (edificio de la izquierda). Entre las exquisiteces un magnífico queso llamado riopelle o cientos de formas diferentes de degustar el sirope de arce, aprovechando que es la época. Desde el sirope puro pasando por caramelos, bombones o piruletas de sirope.

Una vuelta por Mont Royal y alrededores.

Para celebrar el cumpleaños de Pierre fuimos a un restaurante de Etiopía, donde se comía con las manos. Los sabores y los colores de la comida eran realmente intensos y pasamos una cena de lo más animada con los amigos de Pierre, sus padres y su tía. Da gusto conocer a gente tan divertida.

Al día siguiente estuve haciendo turismo en bicicleta por Montréal, si os decía multicultural aquí teneis una prueba, una iglesia ortodoxa en Rue Viatieur.

Arquitectura típica de Montréal, en St. Denis con las escaleras por fuera para aprovechar espacio (y para deshacerse de alguien sin querer 🙂 y que parezca un accidente).

La calle St-Denis se podría asemejar al Greenwich Village de Nueva York, un lugar moderno, joven alternativo y muy internacional. Se pueden encontrar restaurantes y tiendas con productos de todo el mundo.Casas de la Plaza St-Louis Más abajo de la Plaza St-Louis siguiendo por la calle St-Denis se encuentra el barrio latino, Quartier Latin.Montréal es una ciudad llena de buenos cafés y chocolaterías, un sitio muy recomendable es Juliette et Chocolat. En la foto también se puede ver la bici que me prestó Mathieu para hacer mi recorrido turístico por la ciudad.

El viejo Montréal decidí verlo de noche. Me encanta ver las ciudades cuando la luz del día deja paso a las luces de la noche, siempre encuentro una ciudad diferente cuando paseo por la noche por sus calles. Mi ruta empezó por la Basílica de Notre-Dame. Creo que la imagen lo explica todo, el frío de la noche Montrealesa potenciaban el misterio y la belleza de la basílica.
El Ayuntamiento, del que sólo queda la fachada después del incendio de 1922. Volvió a abrir sus puertas en 1926.

Capilla de Notre-Dame de Bonsecours. Aunque en la foto no se aprecian bien, las dos gárgolas que se iluminaban entre las torres laterales de la capilla eran dignas de una película de terror. Sin duda me impresionaron.La calle St-Paul tiene bastantes clubs, desde el exterior se podía oir la música en directo de muchos de ellos. De día la basílica tiene un aire diferente.

Puedes ver los coches de caballos y sus cocheros esperando al turista para ofrecerle un paseo por el viejo Montréal.Una buena idea para empezar el día puede ser visitar muy temprano la Basílica de Notre-Dame para verla por dentro. Si vas a verla de noche puedes comprobar a qué hora tienen servicios de modo que podrás entrar gratis y ver el ambiente antes de la misa, ver las vidrieras, el retablo detrás del altar y escuchar la música del órgano de la basílica, que pone los pelos de punta.

Y para acabar el viaje yo no dejaría de ir Pointé-à-Callière, donde se fundó la ciudad de Montréal y se encuentra el museo de historia. El legado histórico de Montréal es muy rico e interesante, a través de la historia se comprende a su gente y a ese carácter especial que los diferencia.

Y desde la parte superior del museo se pueden tener muy buenas vistas de la ciudad.Montréal, Iroquois place, French, British, and nowadays a melting pot of cultures. Multiethnic and young. A city with personality that deserves a deep exploration, if it is possible with counting on the help of a friend as Mathieu who helped me to discover places as interesting as the ones I am showing here.

There my private guides Mathieu and Pierre where waiting for me to give me a lift around the city. First stop the botanical garden, with an impressive exhibition of free butterflies. Butterflies go free!

We had to fill up our deposits with gasoline so we went to eat typical food of Montréal, Poutine and Pate Chinois.

After eating we went to do the shopping to a local market (building at the left). Among the delicious specialties, there were a wonderful riopelle cheese, and hundred of diferent types of tasting the maple tree syrup from itself in pure state, candies, chocolates or lollipops.

A ride through Mont Royal and the sorroundings.

To celebrate Pierre’s birthday we went to an Etiopian restaurant, where you had to eat with your hands. The flavours and colours of the food were really intense and had a very lively dinner with Pierre’s friends, his parents and aunt. It is a pleasure meeting people so funny.
The following day I was touring Montréal by bike, if I told you this city was multicultural here you have a probe, the ortodox church in Rue Viatieur.
Typical Montrealese architecture, in St. Denis Stree, with the stairs in the outside for saving space (and get rid of someone unintentionally, for sure J and make it seems an accident).
St. Denis Street could be New York Greenwich Village, a modern place, young and alternative and very international. It is possible to find restaurants and shops with products from all over the world.
St. Louis Square houses.
Passing St-Louis square in St-Denis Street there is the Latin Neighbourhood.
Montréal is a city full of very good cafés and chocolateries, a very nice place is Juliette et Chocolat. In the picture you can see the bike that I borrowed Mathieu for doing my tourist route.
I decided to see the Old Montréal at night. I love cities when the daylight turns into the night lights, I always discover a different city when I walk down its streets at night. Mi stroll began in the Notre-Dame Basilique. I think the picture explains everything, the Montrealese cold of the night increased the mistery and beauty of the basilique.
The town hall, after the 1922 fire only remained the façade, it opened again in 1926.
Notre-Dame of Bonsecours Chapelle. Although it is not very clear in the picture, both gargoyles between the side towers where really impressive, perfect for a terror movie. I was really impressed.
In St-Paul St. there are many clubs, from the outside it was possible to hear the live music of some of them.
In the daytime the Basilique has a different look.
You can see the carriages and their owners waiting for the tourist to offer them a ride around the Old Montréal.
A good idea is start the day early in the morning and visit the Notre-Dame Basilique to see it interior. If you go and visit at night you can check the services times because if you enter to attend the mess it will be free and you will be able to see the atmosphere before the mess, see the stained-glass windows, the altar panels and listen to the organ that really gives you the goosebumps.

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